ROSCO no salió de una fábrica de juguetes. Salió de libretas llenadas a las 3am, desde el espíritu del engrudo y las ediciones limitadas y las horas que toma lograr un polígono.
Está construido a partir de polígonos deliberados, de pie con el hocico levantado y los brazos hacia atrás, la postura de alguien que acaba de terminar algo. Cada faceta es intencional, cada ángulo estructural. El moño es su firma, el detalle que marca la pieza como suya.
El color del cuerpo y el del moño siempre se eligen por separado, sin combinaciones fijas, así que cada pieza se vuelve su propia combinación. Algunas parejas se quedan cerca, otras chocan a propósito, y ese contraste es tan parte del encanto como la forma misma.
ROSCO nunca aparece de la misma forma dos veces. Aparece como lo que el momento ofrezca: nube, un globo metálico, arena, y, en esta forma, vinilo. Fue el proyecto que lo inició todo para nosotros, diseñado en Alemania, producido en México, hecho entre mundos antes de que eso fuera siquiera un lema.
Esa misma idea ya vive también fuera de las ilustraciones. Algunos ROSCOs en blanco se han entregado a otros artistas para pintar y personalizar, ninguna pieza igual a otra, cada una la respuesta de otra mano a la misma pregunta de qué podría ser ROSCO la próxima vez. Es el tipo de cultura DIY de personalización que los vinyl toys siempre han tenido, y sigue creciendo.